Christian Bendayán - XXXIII
Exposición realizada en Setiembre del 2007 en la Sala Luis Miro Quesada Garland de Miraflores.
Desde sus inicios, la obra de Christian Bendayán ha venido escarbando en los rincones máa perturbadores de color y subjetividad marginal del Perú contemporáneo. Su acercamiento pictórico a ese margen a todo color ha estado permanentemente asociado con el buceo profundo en la búsqueda de una imagen popular amazónica, en su perfil más añorado y a la vez más extremo, o en su adorable y tambien chirriante radicalidad.
Desde que su aventura empezara a manera de tanteo feliz en su aprendizaje autodidacta, o en su posterior dominio virtuoso del medio, el perfil de los popular y su versión pop masificada han venido adquiriendo una densidad alegórica adicional en su trabajo y, acaso también, en la vida real de la cual emergen intactas sus imagenes y sus retratos.
Parte de la vida que ausculta Bendayán sobre su tela parece proceder de una fantasía que refulge oculta en la obscuridad del bajo fondo lumpen y de la pobreza local y que en sus extremos hace emerger el color inusitado de un objeto social no siempre identificado.
Quizas en eso, La luz negra -el tubo de neón discotequero y fluorescente que rescata ciertos colores de las sombras- con su inmejorable denominación, sea la que mejor explique el proceso de la mirada de Bendayán y todo lo que en él privilegia la vida y el brillo en la obscuridad. Un gesto en el cual el artista redime la cultura visual y nocturna del video pub regional y de los iconos de la pintura popular amazónica.
XXXIII(33), la cifra a la que alude su título cabalístico y arcano es la edad evidente y proverbial del Cristo ( y la edad del propio Christian) pero tambien aquella que habla del ramaje bifurcado y en expansión permanente del árbol de la vida.
De las lianas de esos árboles cosmogónicos, o quizas sencillamente amazónicos, emerge la visión imperfecta de una utopia tropical y crepuscular en la que Bendayán asume de varios modos esa metáfora cifrada de ordenamiento y génesis, haciendola de paso un guiño a la raíz judeo tropical de su genealogía charapa. Pero asumiendo también la idea de una filiación común, de una elección ética y estética por el margen, por sus afectos vitales, por su atrevida otredad y por su anhelada y nunca olvidad redención, dentro y fuera de la tela.
Rodrigo Quijano.
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